Relatos Eróticos

Rojo...

Escrito por relatoseroticos 07-09-2014 en sexo. Comentarios (0)

Y entonces decidió pintarse las uñas de rojo pasión, para poner un poco de color a su vida. ya que la vida se había vuelto gris. Estaba llena de lágrimas y sollozos, entre recuerdos y pensamientos. Se sentía a cada momento mas y mas sola. Pensaba en el principio y veía cada vez mas un abismo entre ellos.

Un fin de un principio. Un fin justificado o no, creado por los celos. Una vida creada se desvanecía.

Ella siguió pintándose las uñas aunque él iba haciendo la maleta. Su respiración era rápida, al igual que su latido. Él enfadado gritaba. Tras un portazo, la casa quedó en silencio. Solo ella y su respiración.

Miró sus manos. Sus uñas estaban perfectas. Rojas. Vivas. En cambio, ella, muerta. Cogió el pc y entró en internet. Follaré-pensó. Abrió el chat, busco al primer tío que viviera en las cercanías. Quiero follar-le comentó. Cedió, es un tío, no hay mas, cedió. Total, no podía perder nada, ya estaba sola.

Sonó el timbre. Ella con sólo el albornoz y las uñas pintadas de rojo le abrió. Lo hicieron. Se corrió. Después llamo a su ex, se lo contó. "¿Sabes?, ahora se lo que es un orgasmo.-Y le colgó".

Ella se quedo, inmóvil en aquella cama que un día les unió, con las uñas pintadas de rojo.


Bipolar

Escrito por relatoseroticos 07-09-2014 en relato erótico. Comentarios (0)

Me encendí un cigarrilo a pesar de llevar varios meses sin probar su intenso sabor a nicotina.

Ni tan solo los besos de Javier consiguieron calmar mi mono así que  me alejé de la multitud, saqué un cigarrilo del bolso, lo encendí y me lo fumé. No pensé en nada. Ni siquiera noté el garraspeo del principio en mi garganta. Me sentía como en mi primer cigarrillo. Con miedo, por quién me pudiera descubrir y con ilsuión por creerme mayor. A demás de la ansiedad.

La ansiedad no era nada nuevo en mi. Llevaba quizá mas de un mes con bastantes ataques. Con pequeños desmayos y pesadillas por las noches. Nada importante pero no insignificante. Vivir con miedo, y vivir para contarlo- pensé. Y pensamientos relevantes a una vida que está por llegar.

Y seguía sintiéndome sola. A mi pequeño hueco para fumar se añadió algún que otro desconocido creyéndose que había iniciado el espacio para fumadores. Como ahora no nos dejan estar en ningún sitio, supongo que todos los que aún fumamos, como estamos mal vistos, nos acoplamos en multitud. Pero yo buscaba soledad, y pasar desapercibida. No quería que nadie me viera con ese cigarrillo en mis dedos blancos, sin rastro de nicotina.

A pesar de saber que Javier me esperaba en la cama, para cuando yo llegará después de este congreso de mierda. No pude evitar fijarme en algún que otro invitado mas. Todos bien arreglados, con sus corbatas bien puestas y sus trajes negros. Pensé porque nunca Javier se había vestido así. Era realmente sexy.

Mi cigarrillo estaba totalmente consumido pero seguía en mis dedos. Apenas le había dado un par de caladas.

Hola Blanca- Me dicen por la espalda. Es Pablo, un chico de mi empresa. 32 años aproximadamente, soltero, alto, sexy, rubio, con unos ojos clarísimos, ...

Hola Pablo, ¿que tal?

- No quiero hablar contigo, quiero besarte. Quiero hacerte suspirar y gritar de placer al roce con mi piel. Quiero hacerte el amor como nunca te lo han hecho....

Me humedecí un poco aunque mi cara demostraba mas un gran miedo y asombró hacia esas palabras.

Pablo, tu y yo nunca haremos el amor. Quiero a Javier y el amor solo lo hago con él. Tu y yo podemos pasar el rato follando.

Me lo follé lo mas salvajemente que jamás lo había hecho con Javier. Me corrí con mas intensidad que nunca lo había hecho con Javier. Le arañe con tal brutalidad...le mordí. Le marqué. Le hice chupetones.

Blanca, te has pasado, mi mujer me pillará. - me dijo con miedo y rabia en los ojos.

Pues dile que has estado follando conmigo.

Blanca estás loca, ¿No tienes miedo a que Javier se entere?

-Él ya lo sabe- le contesté- Sólo que nunca se acordará, no mientras sea Javier.

Pablo quedó con una cara muy rara, se marchó sin siquiera darme un beso de despedida y sin preguntar por mis palabras. Le odié por eso unos instantes.

Cuando llegué a casa, Javier ya estaba en la cama. Dormía. Fui a darme una ducha y en el espejo encontré una nota de él que decía:

- Querida Blanca, lo sé todo. Llevo meses medicandome sin tu saberlo. Mi trastorno de bipolaridad se esfumó hace semanas. Sé lo que has estado haciendo. Follando conmigo haciendo ver que soy otro. No te odio por ello. Ayer dices que follamos. Yo llevo haciéndolo contigo desde que te conocí. En la mesa del comedor tienes 200 euros. Gracias por lo de ayer. Conmigo nunca te lo habías tragado. ¿Mañana mas?


Celos

Escrito por relatoseroticos 07-09-2014 en relato erótico. Comentarios (0)

- Laura, no puedo, que no puedo de verdad. Que me dice que se va al trabajo pero yo sé que me miente. Sé que se va con ella.

- Pero a ver, Sonia, calmate. ¿Como no va a ir a trabajar? ¿Y de dónde saca el dinero entonces?

- Vete tu a saber de donde, cualquier chachullo que se lleve entre manos. Pero que me da igual, que lo sé, que cada dia un horario distinto y en un lugar distinto, y maldita sea no tener mi coche arreglado para poder seguirle.

- Venga hombre, tranquilizate que lo celos te están volviendo loca y paranoica.

Y así era. No había día que no pensara en él con otra, en el coche, en la oficina, en un ascensor...pero siempre con su pene eréctil dentro de ella y con su mano en su pelo. Ella gimiendo como una posesa y el diciendole lo mucho que le satisfacía y que yo no hacía. Maldita sea. Y por supuesto ni me molestaba en preguntarle nada. ¿Que persona en su sano juicio te diría "Si cariño, tengo una amante?

Esto era insoportable. Que si va al baño pienso, "jolines, ahora se está enviando sms con ella", cuando envia mails que según él son de trabajo pienso que miente como un cerdaco. Y así con todo. Si no come es porque está nervioso, si come mucho porque está contento. Si se ducha porque viene de tener sexo, si no lo hace porque quiere oler a ella. Un beso es porque me intenta demostrar que no viene de estar con otra, si no me lo da es que no quiere que le huela a su perfume. Dios! Esto es un infierno. Da igual lo que haga o diga, yo soy una mujer con mas cuernos que un saco de caracoles.

Y lo peor es que tenemos dos hijos  y llevamos 8 años casados. Y sigo como si de una quinceañera tonta se tratara.

Ya he pasado la crisis de los treinta y no tengo alteración hormonal posible. Pero lo sé, sé que se ve con otra, que se tira a otra, que disfruta con otra, y que incluso acabará amando a otra pues mi humor se ha vuelto como un día de lluvia negro y frío.

Y él no me entiende. A pesar de sus 34 años, sigue con sus músculos definidos, su pene eréctil sin problemas, su pelo negro sin canas aparentes ni calvas visibles, su sonrisa y sus dientes blancos y perfectos, sus ganas de vivir y sus encantos a flor de piel. Y yo aquí, gorda como una mujer que ha tenido 2 hijos, con las tetas al lado del ombligo, con alguna cana, y la vagina sin a penas flujo por el humor que me acompaña. ¿Que interés podía tener por mi?

Y aquí estoy pues, con la sangre hirviendo, sentada en mi coche arreglado, en la puerta del Hotel Princess, esperando a que salga después de su polvo de lo Martes.

- Cariño, por fin me coges el teléfono. ¿Dónde estás?

- En la oficina Sonia. ¿Porqué pasa algo?

- ¿Trabajas en el Hotel Princess? Vaya!

Y le colgué. A los 5 minutos salió corriendo por la puerta, con la camiseta desabrochada, me vio, me gritó, yo ya estaba arranacando el coche.

- Te quiero Sonia.- Me chilló.

Que te jodan- pensé y tiré nuestra anillo de boda por la ventana.


Suma de polinomios

Escrito por relatoseroticos 07-09-2014 en relato erótico. Comentarios (0)

Hola, me llamo Paula Blasco y tengo 27 años. Doy clases de matemáticas en un pequeño instituto de Málaga.

Todo empezó con una suma de polinomios. Llegué a clase no más temprano de lo habitual. Hice las fotocopias de las actividades de aquel día y me fui a clase a esperar que alumno por alumno llegaran.  Clase de segundo B de bachillerato. Sonó el timbre, y mientras acababa de corregir los pocos exámenes  que quedaban mis chicos iban entrando. Como en toda clase, hay los más inteligentes y los más listos. Los que más saben y los que más se cuidan en todo detalle. Era primera hora de un Lunes, así que les dejé cinco minutos mas para los que llegaban tarde. Cerré la puerta y volví a mi silla. Pasé lista. Faltaba David García. Empecé la clase.

-  Abran sus libros por la página 23, Polinomios, suma de polinomios. Alberto salga a la pizarra.

Salió y como siempre se lo tomó con calma. Me dio tiempo a pensar recordando el fin de semana, mientras miraba la pizarra haciendo ver que analizaba. Entonces, David entró.

-  David, llegas tarde, siéntate y que no se vuelva a repetir.

Y tras una escusa que solo los alumnos saben inventar se sentó. Para hoy estaba preparado el simulacro de incendios. No tardó en sonar.

-  En calma chicos, hacer una fila e ir saliendo poco a poco, chicos, tranquilos. Ir al patio, no recogías nada que luego volveremos a subir a continuar con el ejercicio.

Pero nada, no valía la pena, sabían que era un simulacro, todo se lo tomaban a broma. Me giré a coger mi bolso negro de Gucci, o eso quise pensar, comprado en el mercadillo de mi cuidad. Vamos que era falsete, fijo. David aún estaba sentado en su pupitre.

-  Vamos David, hay que bajar al patio.

-  La espero a usted profesora – me dijo.

-  Yo ahora bajo, venga David.

-  ¿Y si se quema? ¿Quien la rescatara?

-  David, es un simulacro, no me quemaré.

Me miraba fijamente. Lo miré durante escasos segundos y le aparte la mirada haciendo ver que buscaba algo. Me acerqué a él para agarrarle suavemente del hombro y darle iniciativa  a que bajara al patio. Cedió. Llegó hasta el marco de la puerta y se giró. A pesar de tener 10 años menos que yo, me sacaba algún centímetro en altura. Me tocó por debajo de la falta el muslo, suavemente. No pude apartarle la mano. Cerré la puerta de clase. Siguió tocándome y me besó, le besé, nos besamos. Estábamos ardientes de pasión. Me agarró del culo y me levanto con sus fuertes brazos. Me llevo hasta la mesa del profesor, mi mesa. Me tiró, me levantó la falda y lamió como nunca me lo habían hecho. No tardé en correrme. Yo seguía exhausta mirando al techo. Él levantó la cabeza de entre mis piernas. Me miró. Sonrió. Se acercó  a mi boca, olía mucho a mí, me besó, sus labios estaban viscosos, suaves, calientes... y se marchó.

Me quede traspuesta mirando aquella suma de polinomios que Alberto intentó calcular minutos antes. Empezaron a subir los alumnos a clase. El simulacro había acabado. Uno a uno se sentaron todos en sus pupitres, David incluido. Alberto retomó su suma.

David sonreía.

Se me notaba nerviosa, así que me intenté tranquilizar. Tomé asiento y me puse a mirar la pizarra. Alberto concluyo con buen resultado y se sentó. Puse otra suma en la pizarra y Alexia salió a resolverla. No pude evitar volver a mirar a David. Sacó poco a poco su mano del bolsillo, dejándome ver el lazo de mis braguetas. ¡Tenía mis braguitas!

Por la noche cuando llegue  a casa mi novio me lo comió, yo sin duda, no paré de pensar en David, y así es como me corrí. Mi novio quedo satisfecho. Le besé.

-  Te quiero – me dijo.

-  Yo también- le mentí.

Diario de una mujer infiel.


Débil

Escrito por relatoseroticos 07-09-2014 en sexo. Comentarios (0)

A veces, quedarse sentada a esperar que llegue lo que queremos es perder el tiempo. Necesitamos meter un poco mas de "vidilla" a nuestra rutina. Que el no te besa, pues bésale tu a él. Que esa chica no te mira, pues busca su mirada. No os voy a echar el cuento de que la vida son dos días, porque no lo son. Pero... porque perder el tiempo o porque ser infelices cuando podemos aprovechar al máximo la vida y ser realmente felices? Pues así empezó mi mañana. Me había pasado la noche dando vueltas y vueltas a estas palabras "Nikky, lánzate tu, se agresiva" y claro está, me levanté agresiva y con ganas de lanzarme. Esa mañana me vestí mas sexy que de costumbre. Si entendemos como sexy el arte de insinuar sin parecer una cualquiera. Llevaba mis tejanos oscuros pitillo bien apretados, unos taconazos de infarto negros y una blusa roja. A demás una rebeca tres cuartos de licra de color negra. El pelo ligeramente rizado y recogido al lado con una trenza medio desecha que dejaba algún mechón caer hacía mi cara. Pestañas de infarto, postizas por supuesto, poco maquillaje y labios solo con un poco de brillo. Cojo mi bolsa y me encamino rumbo a la universidad.

Después de dos horas de psicología por fin clase con el profesor Garret, un hombre de unos 36 años, divorciado, o eso nos ha hecho entender, pero sigue llevando el anillo de casado. Pelo rubio, ojos marrones, camisa azul de cuadros, americana gris, tejanos, bambas, barba de dos días...uhmm... señor Garret, solo de mirarle me está poniendo enferma. Llevo semanas esperando que se fije en mi, pero parece muy decente, no como la guarra de Psiquiatría que se tira a todos sus alumnos. Está explicando algo sobre el razonamiento de Platón. La filosofía no es algo que me atraiga mucho. Pero la idea de estar con Garret unas horas a la semana me pareció buena idea al elegir mis optativas.

Estoy sentada en tercera fila, hay 9 en total. Las mesas están todas juntas. Y un escalón a lo alto cada mesa hacía atrás. La clase resulta igual que siempre. Aburrida por sus palabras, excitante por sus gestos. Suena el timbre.

- Dejad los trabajos encima de mi mesa al salir por favor.- Dice Garret. Yo me espero. Quiero ser la ultima. En mi trabajo un post-it con mi teléfono y un "llámame escrito". ¿Lo hará?

Le dejo el trabajo. Y cuando estoy a punto de salir por la puerta...

- Nikky, espera un segundo.- Miramos que no haya nadie en clase, asiento, cierro la puerta y me acerco a él mas caliente que nunca. - ¿Has escrito tu esto?.- Me señala es Post-it, y no me lo pienso ni un segundo mas, pienso, ahora o nunca.

Me acerco, me siento sobre su mesa, me desabrocho dos botones de mi blusa que dejan ver mis pechos apretados bajo un sujetador negro de encaje. Me mira. Me muerdo el labio.

- NIkky...

-Shh...- Le tapo con un dedo sus labios. Le agarro del cinturón de su pantalón y lo atraigo hacia mi. Nos quedamos a un centímetro su boca de la mía, pero su cadera aprieta entre mis piernas abiertas a cada lado de su cuerpo. Voy notando su erección crecer. Me excito mucho. Recorro con mis manos todo su cuerpo. Rodeo su erección. Saco de mi bolsillo una nota, la dejo en su bolsillo delantero de la americana. Le miro, le sonrío. Está apunto de besarme. Le aparto. Cojo mi bolsa de nuevo y me voy.

Espero que lea la nota. Por la noche en casa recibo un mensaje de texto. Es Garret.

"Tu ganas"

Me encanta ganar. La próxima vez que decida ponerme solo un 8 en el trabajo en vez de un 10 diciendo que mi trabajo no tiene por donde cogerse y que si tengo un 8 es por la forma de expresarme se arrepentirá. Mi trabajado trataba sobre la carne débil y la relación con la filosofía. Me decía que "jamás un filosofo podría caer porque siempre se antepone a todo".

El ha caído.

"Garret, su entrepierna no debe ser filosofa... quizá podamos acabar cuando tenga la nota que merezco. Atentamente Nikky."